PAÍS

Desierto florido

Miguel García
Académico Arquitectura del Paisaje, U. Central

Los guardaparques del Parque Nacional Desierto Florido denunciaron el ingreso de mascotas, tránsito sobre flores, personas fumando e intentos de acampar. Esto ocurre en la floración más extensa desde 1997, con casi 300 mil pernoctaciones proyectadas en Atacama. Además, el parque aún no cuenta con senderos habilitados, miradores ni servicios para visitantes.

El desierto florido es un paisaje patrimonial, donde naturaleza, memoria e identidad atacameña se entrelazan y sostienen el desarrollo local. Sin embargo, Chile lo protege solo en el papel. El país tiene cerca de un guardaparque por cada 36 mil hectáreas, cuando el estándar internacional recomienda uno por cada 2.600, y se estima que invierte apenas US$1,3 por hectárea protegida.

Necesitamos una gestión integral: financiamiento permanente, coordinación entre CONAF, el SBAP, los municipios y Sernatur, sanciones efectivas y participación de las comunidades locales. Es hora de pasar del discurso a la acción. Un paisaje dañado no se recupera con comunicados.

 

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