PAÍS

Triquinosis: un riesgo que no podemos ver

Marcelo A. Espinoza Neumann
Tecnólogo Médico y académico U. Central

La triquinosis volvió a estar en el centro de la conversación sanitaria en nuestro país. Los recientes dos casos confirmados por las autoridades en la provincia de Osorno, asociados a consumo de productos de cerdo, nos llama a reforzar las medidas de prevención para no adquirir esta enfermedad.

La triquinosis es una enfermedad parasitaria que se transmite al consumir carne y subproductos crudos, mal cocidos o ahumados de cerdo o jabalí, contaminada con quistes con larvas de Trichinella spiralis.

La importancia de esta enfermedad endémica sigue siendo alta porque puede causar cuadros digestivos, fiebre, dolor muscular, cefaleas, edema palpebral (hinchazón alrededor de los ojos) y complicaciones más serias si no se detecta y trata a tiempo. En Chile no ha desaparecido, revelando en los últimos años la tendencia a presentarse con casos aislados o brotes vinculados al consumo de carne de cerdo faenada sin inspección; especialmente en períodos de invierno (junio a septiembre) y en zonas donde persiste la crianza y faenamiento informal.

Lo ocurrido recientemente vuelve a recordar que el problema no está sólo en el animal, sino en toda la cadena alimentaria: faenamiento informal, venta sin control sanitario, productos sin rotulación y consumo de preparaciones insuficientemente cocidas.

La principal medida preventiva es simple: comprar carne y subproductos sólo en lugares autorizados y con rotulación adecuada. También se recomienda cocinar completamente la carne de cerdo, de modo que alcance una temperatura interna segura (la recomendación es en torno a 71°C o más, insistiendo en que el centro de la pieza de carne de cerdo quede bien cocido). No basta con salar, ahumar o secar la carne, porque esos métodos no garantizan la eliminación del parásito, las recomendaciones sanitarias privilegian la cocción completa y el control veterinario en procesos de faenamiento previo al consumo.

Este brote reportado es una señal de alerta sobre la persistencia de la triquinosis en Chile y sobre la necesidad de mantener educación sanitaria permanente. La experiencia no revela que el riesgo resurge, cuando se relajan los controles o se prioriza la informalidad alimentaria. En salud pública, la prevención y educación sobre el origen de las enfermedades parasitarias siguen siendo las herramientas más efectivas.

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