
Una vergüenza internacional
Jadille Mussa
Académica Facultad de Ingeniería, U. Central
Chile asiste a una paradoja alarmante. Hace poco implementamos la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), un avance normativo que prometía revolucionar nuestra gestión de residuos. Sin embargo, la realidad territorial nos recuerda que el diagnóstico estaba hecho hace mucho tiempo. Municipalidades del sur profundo, como Pucón, levantaron alarmas tempranas sobre la crisis de los plásticos y la saturación de los vertederos. Esas advertencias locales fueron sistemáticamente ignoradas por una centralización que legisla tarde.
El resultado de esta inacción es catastrófico. Datos globales recientes de la ONU posicionan a un vertedero de la Región Metropolitana como el mayor emisor de metano de origen humano del mundo, superando a las mega industrias petroleras de Turkmenistán o al carbón de China. ¿Cómo un país de apenas 20 millones de habitantes lidera un ranking mundial de contaminación climática? El metano calienta la atmósfera hasta 80 veces más que el CO2. Que Chile ostente este récord es una vergüenza internacional y un fracaso de nuestra política ambiental.
¿Qué pasó en el camino? La Ley REP llegó tarde y con metas paulatinas que no conversan con la urgencia del colapso sanitario. Seguimos enterrando más del 60% de materia orgánica que genera este gas nocivo. El centralismo postergó la inversión en plantas de compostaje masivo y captura de biogás, mientras comunas turísticas y rurales del sur se quedaban solas gestionando toneladas de basura.
No basta con el orgullo de tener leyes modernas en el papel si la ejecución es lenta y los vertederos siguen siendo bombas de tiempo ambiental. Es urgente acelerar las exigencias de la Ley REP, financiar a los municipios y prohibir el ingreso de orgánicos a los rellenos. El planeta no puede esperar el ritmo de nuestra burocracia.



