PAÍS
La ciencia, la caricatura y el bien común
El Presidente Kast ha lanzado una frase que generó disgusto en círculos académicos, al señalar que se gasta mucho dinero en libros muy lindos que nadie lee y no generan empleos. Lo primero que salta a la vista es que su frase es una caricatura, pero como alude a un tema profundo e importante para nuestra sociedad, más vale considerarla con generosidad intelectual y tratar de hacerse cargo de las cuestiones de fondo a las que parece querer aludir.
Por supuesto sería más sencillo y productivo para el debate, que el Presidente hubiera hecho una reflexión de verdad en vez de utilizar una caricatura, así nos evitaríamos especular sobre muchas cuestiones implicadas en su juicio sobre el financiamiento de la ciencia, pero vamos al asunto.
El primer elemento de la frase es un reproche al dinero que se invierte; el Presidente señala una cifra enorme, $500 millones, pero ninguna investigación individual cuesta eso, ni siquiera las que duran varios años, ya que el tope anual de un proyecto Fondecyt es de $57 millones y la mayoría no recibe eso. Así que la caricatura se elige para exagerar un punto, que sería un juicio sobre el uso de recursos abultados en ciencia, pero como es una caricatura, no podemos saber cuánto dinero le parecería prudente gastar realmente, ni respecto de qué se hace la comparación para evaluar si es mucho o poco.
Un segundo elemento de la frase se refiere a que el conocimiento queda depositado en el olvido de las bibliotecas; por supuesto esto es una realidad conocida y lamentable, pero seguramente el Presidente concordará en que no leer es un problema que tiene más que ver con los lectores que con los que escriben, en el sentido de que una sociedad debería aspirar a que todos sus miembros se eduquen lo más posible, pero por distintas razones (como la bajísima comprensión lectora de los chilenos) esto no ocurre y ahí habría que aplicar sendos esfuerzos. Pero, de nuevo, la caricatura obstruye una discusión seria.
En tercer lugar, está el tema de la productividad de la ciencia, ilustrada con la idea de que los libros no generan empleos. Aquí es clave la distinción entre la ciencia fundamental y la aplicada, o si se quiere, la búsqueda de conocimiento por sí mismo como un bien no instrumental, al menos no en el corto plazo, y el conocimiento aplicado, o sea, aquel que desde un comienzo se busca para hacerse cargo de un problema objetivo. Aquí la caricatura es especialmente obstructiva para el debate, ya que cabe la duda de si el Presidente postula un mejor equilibrio entre ciencia fundamental y ciencia aplicada, o si le parece que sólo debe apoyarse a esta última. Si su postura es la primera, hace falta un buen diagnóstico y una propuesta para un mejor equilibrio, pero si es la segunda, ello implicaría un problema de confusión conceptual que me parece grave, a saber, una incomprensión de los conceptos de útil y valioso. Al respecto valga decir que, aunque todo lo útil es valioso de cierta forma, no todo lo valioso es útil, al menos no en el sentido material que esbozó el Presidente. El conocimiento es un valor en sí mismo, aunque no tenga aplicación práctica inmediata. Lo útil se cuantifica, pero lo valioso se aprecia. Distinguir y aplicar ambos criterios implica virtuosismo en el uso de distintos tipos de razón, la práctica y la especulativa.
Como se puede apreciar, la caricatura es un problema cuando se quiere discutir seriamente materias complejas, y vaya que al país le hace falta un debate profundo sobre la ciencia y su financiamiento, pero no es esto lo que generó el Presidente y aquí mi reflexión final: cuando un líder político prefiere las caricaturas sobre los planteamientos serios, lo que hace es elegir hablarle al hombre masa y a sus estados de ánimo; no busca dialogar, sino que movilizar emotivamente. De esta forma, contribuye a generar una brecha entre quienes quisieran abordar en serio las complejidades de la realidad social, y quienes se conforman con simplismos y reducciones al absurdo. Esto es lo verdaderamente grave de las declaraciones del Presidente, que ha elegido poner distancia entre quienes no tienen particular aprecio por los libros y la ciencia, por un lado, y el mundo académico que, con pocos recursos realiza ingentes esfuerzos por desarrollar conocimiento, mejor o peor, en un mundo altamente competitivo en este ámbito.
La caricatura y la evocación emocional son instrumentos típicos del populismo. Si el gobierno anterior se caracterizó por la constante apelación moral, el Presidente Kast parece intentar una movilización emotiva desde un materialismo severo. Creo que el mismo reproche cabe para ambos; no podemos desarrollar política de verdad desde el simplismo y la emotividad, debemos buscar el diálogo profundo, con diagnósticos y argumentos claros, sin explotar divisiones odiosas, sino que, buscando los espacios comunes, porque lo que está en juego es el bien común, no los intereses particulares de unos u otros.
Marcelo Estrella Riquelme
Cientista Político
Director del Observatorio Social de la Universidad del Alba




