
Lo auténtico y la IA
Dra. Beatriz Revuelta
Directora de Sociología, Universidad Central
En la actualidad la inteligencia artificial escribe textos, crea imágenes, responde preguntas e incluso imita estilos personales. Frente a estas intromisiones me surge la inquietud respecto de lo que comprendemos por “auténtico”. La autenticidad suele entenderse como la posibilidad de expresarnos de acuerdo con lo que realmente pensamos, sentimos y valoramos. Ser auténtico significa que existe cierta coherencia entre nuestra experiencia, nuestras convicciones y aquello que mostramos a los demás. Para saber quiénes somos necesitamos lenguajes, valores y horizontes de significado que hemos aprendido dentro de una comunidad. La autenticidad entonces está mediada por normas sociales, expectativas y formas de reconocimiento.
El problema que introduce la IA es que agrega una nueva mediación en las formas en que construimos lo “auténtico”. Estas herramientas pueden producir en segundos un texto correcto, ordenado y convincente, pueden elaborar un discurso emotivo sin emocionarse o describir una injusticia sin haber experimentado sus consecuencias. La IA puede reconocer patrones culturales, pero no posee capital cultural situado. No nació en un barrio, no asistió a una escuela, no cuidó a una persona enferma, no migró, no sufrió discriminación ni participó en una organización comunitaria. Tampoco arriesga su prestigio, su empleo o sus relaciones cuando emite una opinión.
Esta diferencia importa porque el conocimiento humano no se reduce a información disponible en grandes volúmenes de datos. La IA puede ayudar a organizar esos conocimientos, pero no puede sustituirlos. Cuando olvidamos esto se confunde un “texto creíble” con una comprensión verdadera y contextualmente significativa. Cuando recurrimos permanentemente a la IA para escribir, opinar o decidir, podemos terminar expresándonos mediante fórmulas que parecen mejores, pero que ya no reconocemos completamente como propias.
Esto no significa que utilizar inteligencia artificial sea contrario a la autenticidad. Las personas siempre han empleado herramientas para ampliar sus capacidades: libros, diccionarios, calculadoras, cámaras y buscadores. Lo importante es pensar qué lugar le entregamos a la IA dentro del proceso. En estas nuevas maneras de producir conocimiento y con ello, realidad, lo auténtico dependerá de que podamos reconocer nuestra participación en aquello que producimos.




