PAÍS

La pluma mordaz de Topaze

José Miguel Infante
Director de Periodismo U. Central
Esperanza Villalobos
Periodista U. Central

El humor es un trabajo serio, y la sátira conjuga la risa con la mordacidad que nunca es fácil de lograr. En una época en que la prensa escrita era el principal espacio de debate público, la caricatura política se transformó en una poderosa herramienta para cuestionar al poder desde el humor. En ese escenario nació Topaze, una revista que convirtió la ironía en una forma de periodismo, la que navegó por aguas turbulentas desde su fundación, el 12 de agosto de 1931. La publicación fundada por Jorge Délano “Coke”, quien luego de una incursión en Hollywood y de su certeza de que en Chile no encontraría trabajo, optó por emprender este proyecto editorial.

Corrían los primeros años del siglo XX cuando Topaze irrumpió con un éxito arrollador, al punto de requerir una segunda edición, aunque esta no fue a color, sino en blanco y negro. Su portada inaugural presentó la caricatura del presidente Carlos Ibáñez del Campo, en el período posterior a su gobierno autoritario, aconsejando a José Félix Uriburu, militar argentino que asumió el poder, luego del golpe de estado de 1930 en el país trasandino.

La historia de Topaze estuvo cruzada por aventuras y polémicas. En 1950, luego de 19 años, “Coke” dejó la dirección del semanario, publicado los miércoles, cerrando así una etapa brillante. Aunque Délano instaló un observatorio privilegiado del poder, reconocido por la mordacidad de sus páginas, también quedaron en evidencia las dificultades y tensiones propias del periodismo cuando hay una mirada crítica, capaz de revelar contradicciones, cuestionar las promesas de los candidatos y promover la reflexión pública.

En 1956 se produjo un punto de inflexión en la historia de la sátira chilena, cuando el 31 de agosto, Topaze lanzó un número especial de conmemoración de sus primeros 25 años de vida. Más tarde, entre 1964 y 1967 Hernán Millas, Premio Nacional de Periodismo 1985, asumió la conducción de la revista con el propósito de revitalizarla. Sin embargo, pese a que posteriormente a ese período estuvo en manos talentosas, la revista terminó cerrando el 30 de octubre de 1970, pocos días después del asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider.

No obstante, en 1989 el diario La Tercera de la Hora sacó un suplemento para revivir el humor de Topaze, iniciativa que finalmente cesó en 1996, cuando la publicación cerró sus puertas por segunda vez.

Un sin número de personajes cobraron vida producto del ingenio en las páginas del semanario. Entre los memorables destacan los presidentes Arturo Alessandri Palma (El León), Gabriel González Videla (Don Gabito), Pedro Aguirre Cerda (Don Pedrito o Don Tinto ), Juan Antonio Ríos (Mandantonio), Carlos Ibañez del Campo (Don Sonámbulo) y Eduardo Frei Montalva (Don Lalo o Pinocho Frei). A ellos, se sumaron las caricaturas de Juan Verdejo y el profesor Alberto Topaze Cambiazo, entre muchos políticos y personalidades públicas que fueron tratadas con aguda hilaridad.

Si bien la publicación tuvo una línea editorial relativamente independiente, su director no dudaba ironizar incluso sobre sí mismo y de los constantes virajes ideológicos de los actores políticos. Por cierto, Topaze abordó temas de actualidad, problemas económicos y de la hacienda pública, con soltura y sin concesiones frente a las “víctimas” de su afilada pluma y satíricas ilustraciones.

Más que un semanario humorístico, Topaze fue una forma distinta de hacer periodismo. Sus caricaturas y textos no sólo entretenían, sino que sintetizaban el clima político de cada época, evidenciaban contradicciones y acercaban la actualidad a lectores que encontraban en el humor una manera de comprender la contingencia.

La vigencia de Topaze en sus ideas e influencias no radica sólo en sus caricaturas, sino en haber demostrado que el humor puede convertirse en una forma de periodismo capaz de fiscalizar al poder, cuestionar los discursos oficiales y retratar una época con una lucidez que muchas veces escapa a la información tradicional. Su pluma mordaz sigue recordando que la democracia también necesita aprender a reírse de sí misma.

“Coke” legó, en definitiva, esa capacidad de reírnos con una franqueza poco común. Aportó un humor sin eufemismos, que persistió a pesar de las tensiones, demandas judiciales, suspensiones y episodios difíciles. Topaze se convirtió en un verdadero termómetro de la política chilena y en espejo social: a veces crudo, otras irónico, pero siempre agudo y, finalmente, sanador.

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