PAÍS

Mujeres: trabajar más, cuidar más y recibir menos

Ana López Dietz y Macarena Silva Escobar
Académicas Trabajo Social, U. Central

La Superintendencia de Pensiones presentó el “Informe de Género sobre el Sistema de Pensiones y Seguro de Cesantía”, correspondiente al año 2025 e inicios de 2026. Este destaca las diferencias que se acumulan a lo largo de la vida laboral de las mujeres, las que tienen un fuerte impacto en las pensiones que perciben una vez jubiladas y que son expresión de las brechas laborales, y de sus trayectorias de vida.

Actualmente, las mujeres representan el 46,9% de las personas afiliadas activas al sistema de capitalización individual y el 44,2% de las personas cotizantes. Una de las primeras brechas que se observan en el Informe es que los varones se mantienen una mayor cantidad de meses cotizando desde que se afilian, con una diferencia de -7,9 puntos porcentuales para las mujeres.

Esta cifra, que se expresa en la densidad promedio de las cotizaciones, alcanza una diferencia de casi 19 puntos porcentuales totales, lo que quiere decir que las mujeres interrumpen en distintos momentos de su vida sus cotizaciones, lo que se debe sobre todo a que asumen tareas de cuidados, inestabilidad e informalidad laboral, entre otros problemas.

A su vez, existe una disparidad de casi $200.000 pesos en el promedio de remuneraciones entre hombres y mujeres, por lo que las cotizaciones previsionales son un -11,9% más bajas para ellas. Las cifras generales señalan que el monto promedio para las pensiones autofinanciadas de las mujeres es un 42,6% inferior a la de los varones, lo que significa que ellas reciben un promedio de $213 mil, frente a los $372 mil que reciben los varones.

La reforma previsional impulsó mecanismos como la compensación por mayor expectativa de vida o los beneficios asociados a la cantidad de años cotizados, buscando reconocer esas desigualdades, permitiendo disminuir casi a la mitad esas diferencias, Sin embargo, la realidad indica que las mujeres siguen siendo las mayores afectadas por las bajas pensiones.

Eso responde, como ya señalamos, a las brechas y desigualdades de género históricas que afectan a las mujeres, percibiendo salarios más bajos, con interrupciones en su vida laboral, con mayor dedicación a los cuidados que les impide muchas veces acceder a empleos de calidad, por un mercado laboral donde la informalidad y precariedad son la norma.

Por esto, discutir sobre pensiones y mujeres es visibilizar, por un lado, las desigualdades de género que afectan las trayectorias laborales y de vida femeninas, como también poner en discusión temas como los cuidados y condiciones de participación en el mercado laboral.

Por otra parte, las reformas parciales no permiten corregir las consecuencias de un modelo que se basa en la capitalización individual. Mientras las mujeres sigan percibiendo menores sueldos, enfrenten la precariedad laboral, la doble y triple carga laboral, la desigualdad se mantendrá.

Hay que considerar, además, que la esperanza de vida de las mujeres es mayor que la de los hombres. Sin embargo, vivir más no significa necesariamente vivir mejor: muchas mujeres llegan a la vejez en peores condiciones económicas y sociales y, aun jubiladas, continúan sosteniendo el cuidado de otras personas.

El envejecimiento de la población en Chile tiene rostro femenino y los datos reflejados en este informe evidencian una desigualdad que acompaña a las mujeres durante todo su curso de vida. Envejecer siendo mujer no debiera significar seguir cuidando en condiciones de precariedad. Por esto abordar esta realidad exige que se reconozcan y reparen las desigualdades acumuladas a lo largo de la vida, cuestionando las estructuras del modelo que han precarizado la vida de las mujeres y exigir políticas públicas que garanticen una vejez digna, autónoma y libre.

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