PAÍSREGIONALES

Prevención de los trastornos de la conducta alimentaria

Mónica Oyarzún Salinas
Académica Terapia Ocupacional, U. Central

Cada 2 de junio se conmemora el Día Mundial de Acción por los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), instancia orientada a visibilizar estas problemáticas, derribar mitos y promover la detección temprana. La campaña 2026 enfatiza los mensajes «Romper el estigma» y «Activar el cuidado», recordando que los TCA pueden afectar a personas de distintos géneros, edades, corporalidades y contextos de vida.

Los TCA son condiciones de salud mental complejas y multifactoriales, en cuya aparición y mantenimiento interactúan factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales. A pesar de su gravedad, continúan rodeados de estigmas y desinformación: se asocian erróneamente a ciertos cuerpos o géneros, o se atribuyen a «falta de voluntad», dificultando el reconocimiento temprano y el acceso oportuno a apoyo especializado. Su impacto, sin embargo, va mucho más allá de la relación con la alimentación, afectando la participación cotidiana, las relaciones interpersonales, el desempeño académico o laboral y la relación con el propio cuerpo.

Desde la Terapia Ocupacional, la alimentación es comprendida como una ocupación humana significativa, atravesada por experiencias sensoriales, emocionales, sociales y culturales. Comer implica compartir, organizar rutinas y participar en distintos contextos cotidianos; por ello, las dificultades alimentarias pueden afectar de manera importante la autonomía, el bienestar y la participación ocupacional. En los últimos años, se ha fortalecido la comprensión de la diversidad de experiencias presentes en los TCA, reconociendo que cada persona presenta un perfil único que puede incluir diferencias en el procesamiento sensorial o perfiles neurodivergentes, factores emocionales y relacionales, o dificultades en la participación cotidiana que requieren un abordaje ocupacional integral. Esta comprensión amplía el alcance de los apoyos requeridos y refuerza el valor de una intervención que aborde no solo la conducta alimentaria, sino también la autonomía, las rutinas, el desempeño y el bienestar integral de la persona.

En el ámbito preventivo, la evidencia respalda la relevancia de abordajes interdisciplinarios y tempranos, dado que la intervención oportuna se asocia a mejores resultados y menor cronificación. Esto implica también promover entornos más seguros e inclusivos, cuestionar discursos centrados en el peso o la cultura de dieta, y favorecer experiencias de autocuidado más flexibles en espacios educativos, familiares, laborales y de salud. Escuchar sin juzgar, validar el malestar y facilitar el acceso a apoyo especializado puede marcar una diferencia significativa para quienes atraviesan estas experiencias.

En este Día Mundial de Acción por los TCA, el desafío sigue siendo avanzar hacia comunidades más conscientes y comprometidas con el cuidado, comprendiendo que la prevención es una tarea colectiva y que todas las personas merecen acceso oportuno a tratamiento.

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