PAÍS

La banca chilena: ¿Cómo modernizarla de forma segura y sin detener su operación?

Por Pedro Capó Director de SSFF, Minsait (Indra Group) en Chile

La banca chilena enfrenta una paradoja tecnológica. Mientras los clientes exigen experiencias cada vez más digitales, rápidas y personalizadas, buena parte de las operaciones que permiten entregar esos servicios sigue dependiendo de sistemas diseñados hace décadas. Sistemas que han cumplido históricamente un rol fundamental, pero que hoy deben evolucionar para responder a mayores exigencias de seguridad, rapidez y capacidad de adaptación.

Esta situación no es exclusiva de Chile. Según el informe 2026 de Minsait “Rediseñar el futuro desde el Mainframe: Estado del Arte de la Tecnología en el Mainframe”, el 92% de las grandes entidades financieras todavía depende de sistemas legacy (tecnologías heredadas) y cerca del 80% de sus datos se origina o reside en mainframes, grandes computadores que procesan operaciones críticas.

Son tecnologías que sostienen procesos esenciales de los bancos, como transacciones y administración de cuentas, y que siguen siendo fundamentales para el negocio.

El desafío, por tanto, no pasa simplemente por reemplazar tecnología antigua por nueva. Modernizar significa avanzar mientras el banco sigue operando y sus clientes realizan transacciones con seguridad.

Esta realidad es especialmente relevante para Chile. En una industria donde la disponibilidad de los servicios y la protección de la información son esenciales, la transformación tecnológica no puede plantearse como un “borrón y cuenta nueva”.

Durante años, modernizar tecnología se entendió como migrar sistemas o adoptar nuevas plataformas. Hoy se trata de construir una arquitectura capaz de incorporar nuevas funciones sin perder el conocimiento y la estabilidad de los sistemas actuales.

Por eso, la pregunta para la banca chilena ya no debería ser únicamente cuánto cuesta modernizar sus sistemas. También debe preguntarse cuánto cuesta no hacerlo y, sobre todo, cómo avanzar sin poner en riesgo la operación.

Para abordar este proceso de manera progresiva, segura y alineada con el negocio, hay cinco ámbitos clave.

El primero es definir un propósito claro. La modernización deja de ser una iniciativa puramente tecnológica cuando se vincula con objetivos concretos, como reducir costes, mejorar la experiencia del cliente o acelerar la llegada de nuevos productos y servicios al mercado.

El segundo es evolucionar sin reemplazos abruptos. Los sistemas core, que administran cuentas y procesan las operaciones centrales del banco, siguen siendo el corazón del negocio. En muchos casos, la mejor estrategia es transformarlos progresivamente para reducir riesgos y asegurar su funcionamiento.

El tercero es avanzar hacia arquitecturas más abiertas y modelos cloud. Esto permite integrar nuevos servicios, conectar con otros actores del ecosistema y escalar capacidades sin tener que intervenir constantemente el núcleo de los sistemas.

El cuarto es incorporar inteligencia artificial al desarrollo y mantenimiento de aplicaciones. Estas herramientas permiten analizar grandes volúmenes de código, identificar patrones, extraer reglas de negocio, generar documentación y apoyar la automatización de pruebas. En sistemas complejos, pueden reducir tiempos y riesgos de transformación.

El quinto es gestionar el talento como parte central del proceso. El reto no consiste solamente en sumar nuevas capacidades, sino también en preservar el conocimiento acumulado e integrarlo con nuevas habilidades, asegurando una evolución sostenible de los equipos tecnológicos.

La banca chilena ha construido sistemas capaces de procesar millones de operaciones con altos niveles de disponibilidad. El desafío ahora es dotarlos de mayor flexibilidad e innovación, sin perder aquello que los ha hecho confiables.

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