PAÍS

Justicia curricular en la formación inicial docente para una educación sin exclusiones

Dra. Andrea Figueroa Vargas Investigadora y académica Facultad de Educación, U. Central

La formación inicial docente enfrenta hoy una de sus mayores encrucijadas de las últimas décadas en el país: preparar a futuros profesores y profesoras para enseñar en un sistema educativo cada vez más diverso, heterogéneo y complejo. En este escenario, la diversificación de los perfiles de ingreso, la emergencia de nuevas identidades, así como la creciente heterogeneidad de las trayectorias educativas —especialmente visibles en los escenarios pospandémicos— obligan a revisar críticamente las formas en que la formación docente comprende y aborda las relaciones entre la inclusión y exclusión.

Mas allá del discurso educativo basado en la igualdad de oportunidades, esta expresión necesariamente debe estar acompañada de una revisión profunda de los saberes que se seleccionan, legitiman y transmiten en la formación docente. La pregunta, entonces, ha cambiado su foco. No basta con problematizar sobre los saberes que deben incorporar en su corpus de conocimiento los futuros profesores sino, más bien, qué identidades y realidades sociales están siendo reconocidos en su formación y cuáles permanecen ausentes o invisibilizados; bajo el alero de la generalidad.

En este escenario, el concepto de justicia curricular adquiere particular relevancia como uno, de los posibles caminos, hacia la justicia social. Ello supone reconocer explícitamente cómo el currículum construye representaciones de la sociedad, de los sujetos y de la propia profesión; una problematización necesaria para las pedagogías, pero también extrapolable con urgencia, a la formación en otras disciplinas y áreas del saber.

Por ello, hablar de justicia curricular implica preguntarnos si continuamos preparando docentes para un estudiante ideal, homogéneo y descontextualizado; entre prototipos, simulaciones y acercamientos silenciosos a la realidad o efectivamente somos capaces de visualizarla, integrarla e incorporarla en nuestros propios análisis para proponer nuevas rutas y pedagogías como posibilidades alternativas. Y es aquí donde confluyen las contradicciones del currículum-entre su carácter homogeneizador como estructura formativa basal de un país y la inconsistencia de situarlo únicamente con ese objetivo respondiendo a aquello que sabemos no cubre totalmente,

Mientras la formación inicial disputa la cotidianidad, lo emergente y la burocracia, la pregunta sigue latente, trasciende a lo académico e interpela directamente a nuestra capacidad analítica. Por ello, el binomio inclusión/exclusión debiese ubicarnos en ese territorio de interpelación constante. Mientras el derecho de todos y todas a ser reconocidos y a aprender parece solo una declaración de principios con notas agridulces y declaraciones sosas, la distancia justamente se encuentra, en formar para la diversidad y los colectivos más vulnerados. Sin embargo, esa conversación aún sigue silente esperando ser asumida con la seriedad que exige.

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