PAÍS

LA AMENAZA DE LA IA AL APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO

Luis Gajardo Ibáñez
Sociólogo y académico U. Central

Si recordamos las formas tradicionales en que los estudiantes universitarios resolvían la elaboración de sus tesis, podemos advertir que la situación ha cambiado radicalmente. Los profesionales universitarios con mayor experiencia recordarán que una primera dificultad consistía en decidir cuál era el tema o problema que estudiaríamos, donde nuestra creatividad e imaginación quedaban en juego. Enseguida, conseguir la literatura pertinente se transformaba en una búsqueda por todas las bibliotecas universitarias y públicas a nuestro alcance, habitualmente con un préstamo interbibliotecario.

Luego venían largas horas de lectura y confección de las fichas correspondientes, para posteriormente enfrentarse a la hoja en blanco e iniciar la redacción. La entrega de los borradores al profesor guía daba lugar a numerosas sesiones de retroalimentación que podían derivar en un “siga” o en un “reformule parcial o totalmente su trabajo”. Era otra época; los profesores disponían de tiempo para dedicar a sus estudiantes, conocerlos y formarlos con gran dedicación y vocación. En numerosas ocasiones, un trabajo de tesis podía extenderse y el docente no daba el pase hasta que podía comprobar que el estudiante había logrado una comprensión lógica. La tesis permitía unir los conocimientos ya adquiridos con los nuevos en una síntesis virtuosa.

Todo el esfuerzo desarrollado concluía, la mayoría de las veces, en un sentimiento de satisfacción y orgullo por el trabajo realizado. Cada palabra, cada frase, cada párrafo elaborado era fruto de nuestro esfuerzo; en consecuencia, nos pertenecía. Algo de nosotros se quedaba en ese escrito. La mayoría de las personas que pasaron por esta experiencia obtuvieron un aprendizaje significativo que permaneció para siempre con ellas. Lo maravilloso es que este aprendizaje se puede compartir y no se pierde. Pueden pasar muchos años, décadas incluso, y aún recordamos esa vivencia y sus aprendizajes. Una situación muy similar se experimentaba cuando se elaboraban trabajos como cierre de una asignatura.

En la actualidad las cosas han cambiado: se dispone de computadores, internet, programas y, más recientemente, de la Inteligencia Artificial. Los informes, monografías o trabajos de tesis pueden realizarse en tiempo récord con la ayuda de la tecnología moderna; más aún, todas las demandas que recibe un estudiante puede resolverlas prácticamente en un 100% con la Inteligencia Artificial Generativa. Pero, producirá el aprendizaje significativo, la satisfacción y el orgullo que los trabajos sin IA o los productos con la IA son otro desechable de la sociedad líquida.

Asistimos a un proceso de cambio vertiginoso que ocurre con tal velocidad que no tenemos la capacidad para procesarlo ni para determinar sus efectos y consecuencias en la vida humana. Algunos sostienen que se trata de uno de esos raros momentos de la historia que producen un punto de inflexión que lo cambia todo: pasamos de un tipo de sociedad a otro. Es semejante a cuando la Revolución Industrial dio origen al obrero y el artesano dejó de ser el trabajador que elaboraba un producto con sus manos, un producto que era suyo y donde algo de su ser se quedaba en la obra.

Hoy en día, la Inteligencia Artificial llegó para quedarse y nos impone múltiples desafíos, ¿Cómo usarla para que produzca aprendizajes significativos en nuestros estudiantes?, ¿En qué momento los estudiantes deben empezar a usarla para no producir daño en su desarrollo cognitivo?, ¿Cómo organizar las actividades productivas para evitar el aislamiento e impedir que se incremente el individualismo?, ¿Cómo aprovechar sus grandes efectos en el aumento de la productividad sin cegarnos a su análisis crítico?, ¿Cómo impedir que afecte nuestros procesos creativos y nos permita realizarnos plenamente como seres humanos?

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