
Estar juntos o el aura en disputa
Nicolás Gómez Núñez
Sociólogo y académico U. Central
Muchas personas, en su mayoría jóvenes, se están reuniendo en espacio amplios para disputar algo. Nadie sabe muy bien qué se pone en juego, probablemente por eso se usa la palabra aura, para referirse a lo que algunos dicen ver. Otros argumentan que es el prestigio expresado en movimientos del cuerpo sin un sentido claro o absurdo. Incluso, muchos demuestran su ignorancia gamer cuando escuchan la palabra farmear, porque ya nada pueden decir.
Un aspecto central de lo que acontece es la recolectivización de quienes se agrupan en esa disputa. Su relevancia radica en el riesgo que asumen al salir de su propio metro cuadrado para encontrarse con las y los desconocidos. Estas experiencias solo emergen cuando nos reunimos en torno a un propósito común, y van configurando un campo de experiencia que permite reconocer y valorar la diversidad. En este sentido, religar constituye el concepto técnico para nombrar ese deseo incontenible de estar juntos, deseo que sin embargo se ve contenido, limitado o incluso cercenado por las rutinas de una sociedad que ha normalizado el miedo al otro, especialmente cuando ese otro se manifiesta como una multitud que aplaude, conversa y se ríe de sí misma.
Invito al lector a visitar estos encuentros para apreciar la riza transparente, vergonzosa, silenciosa, oculta, que despierta cada movimiento que transforman el ruedo en un ágora. Y observar como el espacio se politiza porque los asistentes platean sus conclusiones, prejuicios, puntos de vista y conversan sobre lo que los pone en común en esa sociedad.
En ciencias sociales hay un viejo manual de metodología de la investigación, el de Felipe Pardinas, que al describir la hipótesis contingente – dicho en lenguaje lógico: si X entonces Y, pero solamente si Z-, señala un ejemplo que siempre me ha gustado, el cual dice lo siguiente: “un nuevo contrato social hará aparecer un nuevo estilo artístico, pero solamente si el contrato social anterior ha poseído su propio estilo”.
Creo que lo que presenciamos es un nuevo contrato social, ¿cuál es su alcance?, ¿quiénes tienen derechos y obligaciones en ese marco legal?, o ¿a qué territorialidad hacen referencia? Bueno, esas y otras preguntas nos esperan, por el momento podemos decir que las personas están de vuelta en el espacio público experimentando la vida, y no dejándose vivir por una granja de chatbots.




