
La tranquilidad de jubilar no puede ser una apuesta
Por Marcelo Gutiérrez
Abogado, MBA en Gestión de Negocios y académico de la Universidad del Alba
Una persona que elige un fondo conservador para sus ahorros previsionales busca tranquilidad. Puede comprender que toda inversión enfrenta riesgos, pero espera que estos sean coherentes con la protección que necesita. Cuando se acerca la jubilación, esa expectativa adquiere una importancia especial: quedan menos años para recuperar pérdidas y menos espacio para corregir decisiones.
Las recientes caídas del fondo E han abierto una discusión que merece atención. Los cuestionamientos a las estrategias de inversión de las administradoras plantean preguntas sobre la gestión del riesgo, la supervisión y la información que reciben los afiliados. Son asuntos que deben esclarecerse con antecedentes y explicaciones comprensibles.
Defender la propiedad de los ahorros previsionales supone exigir que su administración esté a la altura de esa responsabilidad. Cada peso pertenece a alguien que trabajó para reunirlo y que espera financiar con él una parte de su vida futura. Esa relación exige prudencia, transparencia y una rendición de cuentas efectiva.
La renta fija también puede perder valor. Las variaciones de las tasas de interés afectan el precio de los instrumentos y pueden generar movimientos importantes en una cartera. Precisamente por eso, administrar un fondo conservador requiere evaluar cuánto riesgo resulta razonable asumir, durante cuánto tiempo y con qué consecuencias para las personas que dependen de esos recursos.
El horizonte de inversión importa. Para un trabajador joven, una caída puede enfrentarse con años de nuevas cotizaciones. Para quien está próximo a pensionarse, las posibilidades son distintas. Hablar de una recuperación futura ofrece poco consuelo cuando las necesidades tienen fecha y los gastos del hogar siguen llegando cada mes.
También debemos ser rigurosos al evaluar responsabilidades. Una pérdida, por sí sola, no demuestra negligencia ni permite presumir una infracción. Corresponde examinar las decisiones adoptadas, los controles aplicados y la información disponible al momento de invertir. Esa misma rigurosidad exige investigar y explicar lo ocurrido, sin dar por suficiente una respuesta general sobre las fluctuaciones del mercado.
Los directorios deben comprender los riesgos que autorizan y supervisar su evolución. El regulador debe contar con herramientas para detectar exposiciones que puedan comprometer los objetivos previsionales. Y los afiliados necesitan información que les permita entender qué protección ofrece realmente cada alternativa. Cumplir formalidades tiene valor cuando contribuye a resguardar ese propósito.
Chile necesita un sistema previsional sólido, capaz de generar rentabilidad, financiar inversión y entregar mejores pensiones. El ahorro de largo plazo es una fortaleza para el país y merece ser protegido mediante instituciones exigentes. Su legitimidad se construye también en la forma de responder cuando aparecen dificultades.
Este episodio debe servir para revisar incentivos, fortalecer controles y mejorar la comunicación con quienes ahorran. Las explicaciones deben permitir comprender qué ocurrió, qué riesgos se asumieron y qué medidas corresponde adoptar.
La confianza también es capital previsional. Se acumula con años de trabajo y decisiones responsables, y puede deteriorarse rápidamente cuando las respuestas resultan insuficientes. Cuidarla es una obligación de quienes administran los recursos y de quienes deben supervisarlos. Para el afiliado, lo que está en juego tiene un nombre mucho más sencillo: su tranquilidad futura.




