PAÍS

El criterio y la IA

Judith Guajardo Escobar
Académica Trabajo Social, U. Central

Tiempo atrás la página en blanco tenía el valor de decir que se debía empezar algo, se podía escribir y borrar hasta, finalmente, llegar a los que se quería, a lo que se pedía o esperaba. Entonces el esfuerzo estaba justamente en pensar en dónde empezar. Hoy vemos que esa página es llenada automáticamente, que las respuestas están en segundos, a nuestro servicio y al alcance de cualquiera, sin embargo, el trabajo intelectual y/o profesional podría estar en peligro de desaparecer si no es capaz de moverse a otro lugar.

El trabajo en la actualidad tiene un nombre antiguo: “el criterio”, la duda metódica. Pero el problema es que el criterio, muchas veces no se ve o pasa desapercibido y hoy se sigue midiendo aquello que la mayoría sabe hacer, mientras que la IA generativa está diseñada para producir respuestas que podrían ser verdaderas o falsas. Sin embargo, cuando no coinciden o no son verdaderas, la herramienta no avisa, por tanto, la responsabilidad de dilucidar aquello recae en la persona que la usó.

Hace unas semanas, estuvimos a punto de vivir un episodio de riesgo global cuando el ejército de Estados Unidos casi estuvo a punto de iniciar un conflicto armado con China debido a un reporte fallido generado por chatbot, en donde -por suerte- hubo un control humano que lo evitó y que fue capaz de verificar, de aplicar “el criterio”, que por suerte fue utilizado, ya que, como cualquier capacidad, se debilita cuando no se usa. ¿Qué pasaría si nos acostumbramos a no utilizar nuestro criterio?

Al revisar datos estadísticos, según la encuesta de ESET Latinoamérica publicada en 2025 y que incluyó a Chile, se indica acerca de los hábitos de la IA que el 80% la usa, pero más de la mitad no verifica la información que obtiene de ella. Así también, según el Barómetro Digital de Chile de 2026, se reveló que el 76% de los chilenos usa la IA y el 59% reconoce no identificar errores o sesgos.

Por eso, me parece insuficiente la pregunta si se debería o no usar la IA, ya que hoy esta herramienta llegó para quedarse. Por lo tanto, la pregunta debería ser otra: ¿sabemos dudar de ella? Alguien podría decir que siempre fue así, que antes también había que verificar un libro, una cita, sin embargo, la IA no tiene firma ni autoría, el error está en creer y no revisar, en que la comodidad de una respuesta reemplace el hábito del cuestionamiento.

Formar estudiantes y futuros profesionales, bajo la duda recurrente, es parte del deber ante las futuras decisiones que se puedan tomar. La IA seguirá respondiendo, pero del otro lado deben seguir existiendo personas dispuestas a dudar, a utilizar el criterio y a no callar nuestras propias respuestas.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
/** * Este cogido de audio streaming * */