PAÍS

Infancias que juegan, sociedades que avanzan

Leonardo Alfonso Vidal Hernández
Académico de Terapia Ocupacional, U. Central

Cada 28 de mayo se conmemora el Día Internacional del Juego, instaurado en 1998 para visibilizar un derecho fundamental de niños y niñas, reconocido por la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU en su artículo 31. Lejos de ser una actividad secundaria o un simple pasatiempo, el juego constituye un pilar esencial para el desarrollo humano.

Jugar es aprender. A través del juego, las y los niños desarrollan habilidades cognitivas, sociales y emocionales que impactan directamente en sus trayectorias de vida. Desde las primeras formas de exploración hasta los juegos más complejos, tal como plantea Susan Knox en su modelo de desarrollo del juego, este evoluciona en etapas que reflejan y potencian el desarrollo infantil. Comprender estas etapas no solo permite valorar su importancia, sino también intervenir de manera pertinente y oportuna. En este contexto, el juego también se posiciona como una herramienta clave para la inclusión. Para las niñeces que enfrentan desafíos asociados a enfermedades o discapacidad, jugar no solo favorece la participación, sino que permite el desarrollo de habilidades necesarias para una inclusión efectiva en la vida cotidiana. Evaluar el juego y utilizarlo como herramienta terapéutica y educativa es, por tanto, una estrategia fundamental en disciplinas como la terapia ocupacional y otras áreas del desarrollo infantil.

Sin embargo, en Chile debemos reconocer una realidad incómoda: las oportunidades de juego no se distribuyen de manera equitativa. Las determinantes sociales influyen directamente en el acceso a espacios, tiempos y recursos para jugar. No todos los niños y niñas crecen en entornos que promuevan el juego libre, seguro y significativo. Es aquí donde el rol del Estado y las políticas públicas se vuelve crucial. Iniciativas como Chile Crece Más han impulsado el juego como una herramienta de intervención multidisciplinaria, promoviendo el desarrollo integral desde una mirada comunitaria. Estas estrategias buscan, precisamente, equiparar oportunidades y apoyar a familias que enfrentan mayores barreras para fomentar el juego en sus hijos e hijas.

La evidencia es contundente. El economista James Heckman ha demostrado que invertir en la primera infancia genera retornos significativos para la sociedad: por cada dólar invertido, se obtienen beneficios en salud, educación, empleabilidad y cohesión social a lo largo del curso de vida. En este marco, el juego no solo es un derecho, sino también una de las estrategias más costo-efectivas para potenciar el desarrollo y fortalecer el capital social de un país. Por ello, los recortes o modificaciones presupuestarias a programas de protección integral representan un riesgo significativo. No solo afectan servicios, sino que comprometen el desarrollo de capital social a largo plazo. Defender el juego es defender el desarrollo.

Jugar es un derecho. Pero también es una necesidad. No es tiempo perdido, es tiempo que construye personas, comunidades y sociedades más inclusivas.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
/** * Este cogido de audio streaming * */