
Apagar la pantalla a 96 mil niños
Maritza Escobar Montero
Académica Facultad de Educación, U. Central
Para los estudiantes de séptimo básico que viven en contextos vulnerables y destacan en sus escuelas, el Estado tuvo durante 17 años una respuesta concreta: «tu esfuerzo vale, aquí tienes tu herramienta». Si el Presupuesto 2027 se aprueba tal como está, esa respuesta desaparece.
Eliminar «Yo elijo mi PC» no es un simple ajuste contable. Es decirle a cerca de 96 mil estudiantes por año que su mérito y su vulnerabilidad dejaron de importar.
La brecha digital en Chile no se ha cerrado; apenas se había contenido. Mientras un niño de un colegio particular hace sus tareas en su propio computador, otro de una escuela pública las hace en un celular, si es que lo tiene. El primero aprende a redactar un informe, usar una planilla e investigar con autonomía; el segundo, en el mejor de los casos, se las arregla. Esa diferencia se acumula año tras año y llega intacta a la enseñanza media, a la PAES y al mundo laboral.
En las escuelas rurales el golpe es doble. Allí la conectividad suele ser precaria, las bibliotecas y centros de acceso quedan lejos, y ese computador puede ser el único acceso real a la tecnología que tiene un niño. Para ellos, el programa no era un complemento: era la puerta de entrada al mundo digital.
Quitarlo no crea la brecha, pero la deja crecer sin contrapeso: el origen social y el lugar donde se nace vuelven a decidir quién accede a las herramientas de su tiempo.
Los argumentos aluden a que el programa está mal evaluado. Si es así, lo responsable como país es corregirlo, no borrarlo.
Como formadora de futuros profesores, sé que un computador no enseña solo. Pero sin él, incluso el mejor docente trabaja con las manos atadas. Hoy el Congreso tiene la palabra. Que no sean los niños de séptimo básico quienes paguen la cuenta.
Maritza Escobar Montero
Coordinadora Académica de Formación pedagógica,
Facultad de Educación, Universidad Central.




